miércoles, 19 de noviembre de 2014

La "estafa" en los tiempos del "selfie": Cuando lo que ves en la foto... NO es real



Después de unos cuantos “vuelos” al “Dark side of the Moon”, hablemos entonces del tema que tenía planeado desde un inicio: las fotos “estafadoras”.

Cabe señalar, antes que nada, que este post no pretende ofender a nadie sino parodiar algunas situaciones comunes y arrancar sonrisas (#SMILE).

¿A qué me refiero con “fotos estafadoras”?

En mi caso, por ejemplo, a cuando identifico a una fémina atractiva en las redes sociales y resulta que, cuando la veo en persona… tatatatááááááán (8), la comadre parece lo que ves en su foto, pero después de tres aboyadas de combi (y de que toda la fila del corredor azul pase por encima). Para colmo cuando le mandas la indirecta de que se ve “un poquito diferente”, la comadre te dice -con toda la conchudez del mundo-, que su foto es “de hace años” o que “le metió un poquito de Photoshop” (#NOPUEEEEEEEEEEES). En esos casos tienes unas pocas opciones: A) Salir corriendo. B) Decir que algo te ha caído  mal y que necesitas volver a tu casa para desgraciar el baño con confianza. C) Poner cara de “buena gente” y ofrecerle -de entrada- tu más sincera amistad (“y es que tú sabes, yo en este momento no estoy list@ para cosa serias”).


A continuación, algunos de los casos más comunes de fotos de perfil “estafadoras”:

Fotos de chibolos: Entre los casos más típicos de fotos “estafadoras” se encuentra, para comenzar, las fotos de chibolos. Yo siempre he dicho que cuando la otra persona tiene una foto suya de cuando era mocos@, es una señal de PELIGRO (#ALERTAROJA)… ¿No han escuchado esa frase que dice “qué liiiiiiiiiindo… ¿qué te pasó?”? Bueno, a eso voy. Que de chibolo haya sido un critter adorable, no significa que de grande sea algo similar; lo más probable, es que si te muestra su foto de chibol@, es porque no quiere que veas en lo que se convirtió después (y sino, alucínate a un critter tamaño gigante… a que no se ve tan “lindo”).

Fotos con filtros: Hoy en día, con el Instagram y todas esas nuevas redes sociales diseñadas para que pierdas tu tiempo, es más sencillo dejarte más “bonis” (salvo que seas un neandertal tecnológico como yo, que hasta hace unos meses, tenía un “ladrillo” como celular). Con todos esos filtros, si es que no puedes arreglarte la jeta, al menos puedes disimular y echarle la culpa al “sepia” o al “escala de grises” que te salió mal.
  
¡No soy yo, es el sepia!
Selfies en “picado”: Para quienes no conocen mucho de lenguaje fotográfico o cinematográfico, el ángulo “picado” es el que se toma de arriba hacia abajo… o sea, ése que se ha puesto tan de moda con la invasión de los selfies (#CofCof #PeroMisSelfiesNoSonEnPicado #CofCof). El “picado”, para quienes no lo sabían o no lo habían concientizado, es un ángulo que tiene la cualidad de empequeñecer y/o quitar peso a los objetos, ubicándolos hacia el lado inferior de la imagen… vale decir, que si quieres salir "rrrrrrrrrrrrrrrrrrregia", éste es tu ángulo por excelencia. En cietos casos no necesariamente sirven para “estafar”, pero sí para resaltar y focalizar la atención en ciertos “atributos” femeninos que son mejor captados desde arriba (#IfYouKnowWhatIMean).

Fotos fragmentadas: Cuando la persona juega a hacer “rompecabezas” con su cuerpo, y te muestra sólo el fragmento que le conviene mostrar. La típica hace unos años era tomarse una foto sólo de un ojo… algo en lo que yo también caí alguna vez, hasta que noté que esto podía ser malinterpretado. No digo que necesariamente cuando la otra persona muestre sólo una fracción de su rostro o su cuerpo, es que no quiera mostrar lo demás… pero precaución: revisa el resto de las fotos. Si todas son fragmentadas… guaaaaaarda.

¡Ay mira qué lindos mis ojitos!
Fotos de dibujos animados (animes en especial): Una de dos: el plata/la comadre es BIEEEEEEEEEEEEEEEEEN FRIKI, o es más fe@ que comida de loco. Esta sí es una tendencia general con raras excepciones, así que mejor huye o pronto te conviertes en maestro pokémon.

Fotos de mascotas: Este caso no sólo es trafero sino que además es tonto. Lo más curioso es que no sólo lo he visto en facebook, sino también en TINDER!!! Yo creo que una persona que tiene la foto de su perro en Tinder (#RedDeLigues #NoTeHagasElSonsoQueTuTambienTienes) no sólo es alguien que se está escondiendo, sino que además tiene serios problemas… o qué creen, que uno va jilear con el perro (#NOSEPASEN).

... Suave que acabes sí...

A esto, por supuesto, hay que sumarle todas las photoshopeadas del caso o ejemplos extremos como el que me hicieron una vez: la flaca, en sus fotos tenía ojos LINDOS, y yo tengo debilidad por los ojos bonitos (más si son verdes)… y resulta que a la hora de la hora eran LENTES DE CONTACTO (!!!).  Eso me desagradó bastante, ya que si bien la chica en cuestión no era fea, me pareció que estaba marketeándose de entrada con un “ganchazo” que era completamente irreal (y es que los ojos resaltaban sobremanera en las fotos). Finalmente la cosa no funcionó, pero porque, simplemente, no éramos tal para cual.

Claro… existen los casos contrarios también… Ha habido alguna ocasión particular en el cual he estado huyendo de alguna posible “jil” con una foto bien “Halloween” y a la hora de la hora –cuando nos hemos topado en alguna reu, bar, discoteca o en la calle- me he dado con una grata o por lo menos aliviante sorpresa.

¡Selfieeeeeeeeeeeeeeeee!

Tal es el caso de una amiga, por ejemplo, a la que de rato en rato se le da por mandarme sus fotos en las que no sé quién rayos le ha dicho que sale bien.

En una ocasión tuve la crueldad de decirle: “Mira comadre, no es por ser mala, pero no eres fotogénica… Por favor deja de mandarme tus fotos a esta hora, que no me quiero asustar tan temprano.”

Afortunadamente, ella lo tomó como lo que era: un cumplido.

#FIN

jueves, 13 de noviembre de 2014

Amigos con derecho


Cuando 2 NO es igual a 1 + 1


En el post anterior, decía que la fórmula de la atracción es igual a conexión emocional más tensión sexual. A eso quisiera añadir ahora, el ingrediente clave para que una relación de pareja funcione.

Según la “Teoría Alexieliana de la Seducción” (#OSeaSegunYo #QueTalPajeraMental), la fórmula de una relación consiste en: tensión sexual + conexión emocional + proyecto en común. Lo primero, para crear el “crash” (el primer impacto, la “atracción instantánea”, o el “click” -hablando más a la “perucha”-); lo segundo, para meter el filin… y lo tercero, es la piedra angular que permite que la cuestión funcione y se mantenga. Me estoy refiriendo al hecho de que ambas personas sean universos similares -o por lo menos compatibles-, esperen lo mismo de la relación y aspiren a mantenerse juntas.

¿Qué pasa entonces cuando hay atracción y cariño pero no existe fin en común?... Pues una de dos: O se separan (#MasValeMariconVivoQueValienteMuerto), o se convierte en… Tatatatán (8)… AMIGOS CON DERECHO (#ComoLaPelicula).


Sobre los amigos con derecho se dice todo tipo de cosas. Algunos dicen que el contacto íntimo fortalece la amistad, mientras que otros señalan que la destruye, ya que en esas relaciones siempre hay alguien que tiende a enamorarse y termina lastimado.

La verdad de la milanesa, es que el tema es bastante complejo, extenso, y -sobre todo- actual, ya que en los tiempos de nuestros señores padres, este tipo de relaciones prácticamente no existía (y si existía, eran bastante mal visto #FactorCandy). O estabas, o no estabas; así era la cosa. Debido a la actualidad del asunto, considero que todavía hay mucho por explorar en este terreno, de modo que tocaré el rollo de manera personal.

A lo largo de mis 28 años de vida (o mejor dicho, desde que me “desawebé” #YoFuiLornaAcuerdate), he tenido varias amigas con derecho (y algún amigo, allá por mis épocas de “definición”). Me considero buena, pero no santa (#Terror), y ya les había comentado que los Borderline tenemos tendencia a la hipersexualidad (#LaTrueAnteTodo). A esto debería añadir, además, que me siento más cómoda con este tipo de relaciones que con los llamados “choque y fuga” (algo que sólo experimenté en una ocasión, y que es también, otro tema bastante actual).


Me parece que en general, este tipo de relaciones suele tentar más a mujeres que a hombres, dado que la naturaleza de la mujer es emocional y por lo general ella suele entrar más en confianza cuando tiene algún tipo de conexión empática con la otra persona. Así, por ejemplo, un hombre suele decidir mucho más rápido si quiere irse a la cama con una mujer (más que nada por sus cualidades físicas), mientras que a una mujer usualmente hay que emocionarla y seducirla (#FlorealaBienCompare).

Personalmente, prefiero intimar con una persona con la cual pueda conversar después, y que no vaya a olvidarse de mi nombre (#PorqueSoyEgo).

Pero bueno… es cierto que en estas cuestiones existen riesgos, y más si te consideras una persona intensa (#PasenmeLaChaplin). Yo, por mi parte, he experimentado de lo bueno, de lo bonito, de lo feo, de lo genial, de lo terrible, y de lo “ni mucho ni poco ni para volverse loco” (#NEXT). Me parece, sin embargo, que hay un par de puntos importantes a tomar en cuenta si es que se quiere reducir al menos el  70% de las posibilidades de muertos y heridos (#ApuntaCuñao).



Lo primero, es educar tu mente. Vivimos tiempos mucho más liberales que los de antaño… a veces también salvajemente liberales. Tenemos menos tabúes y clichés de comportamiento, lo cual suele ser positivo a largo o mediano plazo, pero hay que tomar en cuenta que muchas veces los sentimientos de todos no corren al ritmo de los cambios sociales; influye, en buena medida, el tipo de educación que has tenido y los estereotipos con los que has crecido. Partiendo de aquí, debes pensar bien si vas a entrar en este tipo de juegos y, si es que decides tomarlos, asumirlos como tales: a veces se gana, a veces se pierde. Los “puntos de experiencia” (#EstoYaPareceWarCraft) a veces se ganan con miel y otras veces sacándote la entre#=#@€a.

Lo segundo, y a mi parecer lo más importante, es la sinceridad; el hecho de poner claras las fichas sobre el tablero y explicar en qué consiste el asunto (#NoMeEstafesPesFlaquita). Lo que yo suelo hacer en estos casos, es nunca quedarme callada: si no voy en serio, te lo digo; si cambio de opinión y en el camino quiero ir en serio, te lo digo; si estoy yendo en serio y luego veo que la cosa no va, también te lo hago saber… aunque te duela (#SufrePeruanoSufre).


Particularmente, soy de esas personas que prefieren la honestidad brutal a las mentiras piadosas (#Sabina&CalamaroStyle)… Creo que a fin de cuentas, no hay nada más saludable que poder elegir si te retiras o te arriesgas… y ya si luego te vas al demonio, al menos lo hiciste en tu ley (#NadieTeQuitaLoBailado).

Ahora, la pregunta que me han hecho cientas de veces es: “Si se gustan y se quieren, ¿por qué no están?” Redundando en el párrafo inicial: porque hay algún factor que “falla”, por doloroso que suene. En algunos casos, la persona te atrae, pero no lo suficiente; en otros casos, la conexión emocional no se logra… y en otros, no hay miras a construir algo (no hay “proyecto”).

Antes yo tendía a pasar por alto este último punto (y estoy segura de que muchas personas también lo hacen). Creía que una pareja se limitaba a tener un amigo o amiga que te atraiga sexualmente. Pero no basta con ello, y eso es algo que he comprobado sobre todo durante los últimos años.

#EpicWin

Tengo la suerte de haber salido bien parada casi siempre. No sé si es que soy una persona difícil de contentar, o es que simplemente el temor a sufrir ha hecho que eduque/bloquee mis emociones. Dado que soy brutalmente honesta para estas cosas, puedo decir que casi siempre he conservado  mis amistades aun cuando lo sexual se haya terminado o congelado eventualmente. En algún caso, he perdido a alguien, claro está, y en alguna ocasión, me he arriesgado a buscar algo más, y me he dado de cara contra el piso (#MeFuiDeJetaContraElPlaneta). Igualmente, mantengo la creencia de que, si uno dice las cosas claras, casi nunca hay lugar a reclamos (la otra persona queda sin argumentos en contra… lo cual, en muchos casos puede, ser igual de doloroso, pero -por lo menos- más “limpio”, desde mi punto de vista).

Recuerdo que en una ocasión la cosa fue particularmente complicada, y fue en aquella oportunidad cuando descubrí por primera vez que la parte del “proyecto en común”, era fundamental.


Había conocido a esta chica que me gustaba un montón y a ella -al parecer-, yo también le gustaba bastante. Es una persona por la que conservo un cariño real hasta hoy en día. Creo que ella también me quiere, aunque a veces también pienso que no tanto (#PeroEseEsOtroRollo). El punto está en que -según yo, al menos-, nunca pudimos llegar a nada porque éramos universos completamente diferentes. Así es como lo sentí en algún momento, y así es como suelo sentirlo hasta hoy cada vez que recuerdo esa historia. No funcionábamos fuera de cuatro paredes ni rodeadas de gente. Ella y yo frecuentábamos lugares muy distintos, parábamos con gente distinta, teníamos estilos de vida diferentes, y esperábamos cosas distintas de la vida. Teníamos una esencia en común que nos conectaba en la intimidad, pero a la hora de salir al exterior, yo sentía todo extremadamente caótico… Aunque a veces recuerdo eso con nostalgia, pienso que intentar algo más hubiese sido una continua lucha de “quién cambia a quién”.

En fin… suspiros aparte, ésa es harina de otro costal… así que hablaremos de ello en otra ocasión (#LecaDensa #NoALaDensidad #LOL).

jueves, 6 de noviembre de 2014

Te cuento un cuento


Foto: Sally Mann

Hola a todos!

Ando de buen humor porque me acabo de enterar de que uno de mis cuentos sacó Mención Honrosa en el concurso "Un Vicio Absurdo" de este año, organizado por la ULima.

Vengo participando en este evento desde mis últimos años de estudiante y la verdad es que la contienda siempre ha sido difícil, tanto en cuento como en poesía. Sin embargo, tengo la alegría de haberme mantenido en algún puesto o mención en una u otra categoría durante los últimos tres años.

 Dejaré el cuento por aquí, por si les interesa darle una ojeada.

Se agradece la atención del caso :).

- Alexiel

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Ana, Santiago y Diego



I

Ana, Santiago y yo dormíamos juntos desde que se destruyó la casa. Yo tenía cuatro años y debería recordarlo todo de manera muy vaga, pero las sensaciones fueron tan intensas, que puedo revivir cada escena casi con lujo de detalles. Él siempre quería abrazarla… decía que porque era el mayor, no obstante que yo siempre le recordaba que Ana tenía dos años más que él… entonces decía que eso no importaba porque él era el hombre. Yo quería ir al medio, por eso me molestaba… Tenía miedo de las bombas… El sonido de las explosiones que me despertaba todas las noches… las pesadillas, el recuerdo del fuego y de los escombros… entonces yo pasaba por encima de él y me acurrucaba entre los pechos suaves y tibios de Ana… y ella me abrazaba tiernamente hasta el amanecer.

Ana tenía catorce años, los cabellos largos y castaños, era espigada y frágil, algo pálida y de ojos claros. Mi madre decía que había tenido complicaciones al nacer. Siempre tuvo problemas de salud, así que, por nuestra casa, de cuando en cuando circulaba todo un desfile de doctores. Aun así, yo creo que Ana era la más fuerte de nosotros, porque a Ana siempre parecía sucederle lo peor y nunca moría… Al poco tiempo volvía a sonreír… Siempre con ese rostro débil y ojeroso, pero volvía a sonreír.

Santiago, por el contrario, parecía estar sano todo el tiempo. No le recuerdo enfermo ni una sola vez. Era imparable, siempre andaba merodeando entre los jardines, trepado en los árboles, molestando a la servidumbre, y escapando en la noche para ir a nadar al lago sin ropa, porque decía que así era más emocionante. Creía que si lo atacaba un animal salvaje, lo vencería fácilmente, con la destreza de un héroe mitológico; su gran decepción, consistía en que nunca lo había atacado ninguno… Era un tipo con suerte, mi hermano.

En realidad, los tres teníamos más suerte que otros chicos de nuestra edad. Vivíamos en un pequeño paraíso alejado de la ciudad. Para tener algo, sólo había que pedirlo. Casi no veíamos a mi padre, pero sabíamos que llegaba tarde, de noche, y casi no veíamos a mi madre, pero sabíamos que se perdía entre las habitaciones de la enorme casa. Nada nos molestaba siempre y cuando pudiésemos estar cerca los tres… o casi los tres… porque en verdad lo que yo siempre quise era estar cerca de Ana…


II

“Ya es hora de que aprendas a destetarte”- me decía Santiago todas las mañanas. Amanecía siempre de mal humor y lo primero que tenía que hacer era llamarme la atención por haberme puesto en medio de los dos cuando dormían. Hablaba con tono de menosprecio, mordiendo los restos de una manzana que había encontrado en el basurero. No se cuidaba de escupirme en la cara mientras hablaba. –“Ya estás grande para tener tanto miedo” –decía- “Estamos solos… y pronto serás un hombre”. –“Pero tú siempre duermes cerca de Ana” –le decía yo-. “Eso es distinto, hermanito… Yo soy el jefe ahora; es mi deber proteger a Ana”. Cada vez que decía eso, yo sentía que en mi interior, crecía con furia el deseo de ser más grande y más fuerte que Santiago…


III

En el año 14, después de la colonización, el lugar en el que crecí y sobreviví, se había transformado por completo. El lago había desaparecido, las ruinas habían sido removidas totalmente al igual que los pocos árboles que aún quedaban en las zonas cercanas después del bombardeo. Era una ciudad moderna en todo sentido y de extremo a extremo. Estaba también llena de vigilancia -aunque no pudieses percibirla-, y había que moverse con cuidado. Ya quedaban pocos de los nuestros… En realidad, la mía era una de las tres últimas legiones de rebeldes a nivel mundial. Las tres grandes alianzas habían triunfado, pero a nosotros no nos quedaba otra que seguir peleando… Era la única razón por la cual seguíamos vivos.

No había visto a mi hermana desde el incidente del primer año, pero la había soñado día y noche. Hasta el día hoy, no le perdonaba que lo hubiese preferido a él.
                                                                                                                                                              

IV

Caía la tarde. El asfalto quemaba. La sangre de mis compañeros, formando charcos sobre la pista, casi se confundía con el color de las nubes. Parecíamos piezas de una obra de arte trágico,  una obra que no podría apreciar por mucho más tiempo, pues las botas se aproximaban hacia mí. Era el siguiente. Sentí el choque del arma contra mi cabeza. No quise cerrar los ojos. Decidí que iba a morir con ojos abiertos. Cuando él llegó.

- Suéltelo, soldado… Borre esa cara de idiota y suéltelo de una vez. Yo me haré cargo.

- Como diga, capitán.

El soldado retiró el arma y me ordenó levantarme mientras golpeaba la punta del botín contra mis costillas. Me levanté. El capitán me mostró el revólver e hizo ademán de dispararme contra el rostro. Rió. Luego me obligó a subir al auto en el lugar del copiloto. Nadie más nos acompañó.


V

- Tanto tiempo sin verte, hermanito.

Sí, a Santiago tampoco lo veía frente a frente desde aquella tarde.

- Vaya si has crecido… quién te vería todo barbudo y con el pelo largo. Sí tienes pinta de revolucionario… y se ve que también comes tan mal como ellos.

Desde que era un niño ya se notaba el potencial de cabronazo que tenía Santiago. Se había convertido en un hombre de más de metro ochenta, fornido, erguido como un roble; tenía el cabello rubio y los ojos verdes… Seguía viéndose como un tipo que jamás se ha enfermado, sólo que su expresión había perdido la frescura que le caracterizaba… Era diferente.

- Cómete algo.

Me lanzó un sándwich.

- Prueba algo decente siquiera antes de morir… y no me mires así, que no soy yo el que te va a matar, pero vas a morir, tenlo por seguro.

El auto seguía deslizándose por la autopista.

- Ah, vamos, traga, que a fin de cuentas, si no tragas, te caerás antes de que puedas intentar escapar o apuntar contra alguien para salvar tu vida.

Tragué.

Santiago encendió un cigarrillo y empezó a fumar. Yo detestaba el humo y él me lo lanzaba en la cara, igual que cuando niño lo hacía con los restos de manzana que escupía mientras hablaba.

- Así que el “camarada Diego” –dijo-… Pensé que siempre se cambiaban el nombre… Supongo que querías que te recordemos… o,  mejor dicho, que Ana te recuerde.

Sí, quería que Ana me recuerde.

- Es una lástima, pero Ana no podría recordarte ni aunque le grites quién eres en la cara; Ana está completamente loca.

Ana estaba encerrada en la habitación 303 del manicomio para prisioneros políticos.

-  Sé a lo que has venido, Diego… y sólo yo puedo ayudarte.


VI

El incidente ocurrió tres meses después de la destrucción de nuestra casa. El Partido quería desaparecer cualquier rastro del régimen anterior, y ello incluía eliminar a su descendencia. Nos encontraron durmiendo juntos -como siempre-, sobre el colchón sucio del sótano, que era lo poco que nos quedaba en las ruinas de nuestra antigua mansión. Los soldados nos sacaron a empujones y aquella vez sentí el asfalto tan caliente como la tarde en que me reencontré con Santiago; también tenía un arma contra la nuca, y también fue un rango mayor el que interrumpió, pero no para llevarme a mí, sino para llevarse a Ana.

Regresaron varios minutos después… minutos que sentí eternos bajo el calor intenso de la tarde y los escupitajos de la tropa. Ana tenía los ojos hinchados y enrojecidos, el rostro sucio de quien ha tratado de huir y se estrelló contra el barro. “Se ha hecho daño” –pensé, porque el vestido traía manchas de sangre.

Después soltaron a Santiago. Lo vi correr hacia Ana, quien lo recibió en sus brazos llorando. Los soldados los cubrieron con una manta y los hicieron caminar de frente. Subieron al auto.

Yo me quedé tirado en el asfalto, en medio del charco de sangre que me dejó la bala de un soldado en la pierna, sólo por diversión…


VII

Mi hermano recibió el amparo del nuevo régimen, fue reeducado y entrenado para entrar al ejército. Su desempeño superó las expectativas y fue ascendido a capitán con sólo veintiséis años. Yo fui rescatado por los rebeldes. Ana siguió siendo violada por el general del ejército durante los primeros tres años; después se volvió loca y la encerraron.

Santiago me dijo que sabía que yo quería matar a Ana, y que era el único que podía ayudarme. Sabía que tenía razón puesto que la “guerra” (si aún podíamos llamarle así) estaba perdida. Yo mismo estaba solo. Todos mis compañeros de misión habían sido asesinados. La misión estaba abortada; sólo quedaba lo que yo, independientemente de los planes de la guerrilla, tenía que hacer, y la única forma de llegar a Ana sin ser asesinado, era escuchar lo que Santiago tenía que decirme.

Abrió la puerta.

- Bien, ya tienes lo que quieres. Ahora lárgate, y asegúrate de no morir antes de hacerlo… También asegúrate de no volver a encontrarme, porque entonces yo te mataré.


VIII

Santiago había amado a Ana con todo su corazón. Cuando éramos niños, aun antes de quedar huérfanos, él siempre estaba pendiente de ella. Yo sabía que en realidad todas sus hazañas de bravucón eran para impresionar a Ana. Ana sonreía. Santiago era un chico valiente. Siempre que escapaba al lago por las noches, regresaba con flores y caracoles de regalo para Ana. Santiago era todo lo que yo quería ser. Estaba celoso de Santiago porque atraía a Ana, y él estaba celoso de que Ana me acogiera entre sus sueños. Yo era el hermano pequeño, el “hijito” de Ana, un hijito libidinoso que busca con ansias los pechos de su madre… Pero ella lo amaba a él.

Santiago había cerrado la puerta del coche y estaba a punto de arrancar.

- Una última pregunta –le retuve-. ¿Por qué haces esto?

Exhaló con fuerza.

- Por ira.
               
IX

Ana… seguías tan hermosa como la última vez que te vi… Parecías una diosa caída en desgracia con el rostro lleno de tierra y el vestido ensangrentado. Los años no pasan sobre ti, Ana… pareces la misma joven de catorce, con el cabello largo y castaño, con los ojos claros, tristes… Pálida… tal vez un poco más pálida porque la luz no te alcanza en esta habitación oscura… ahí, sentada con los hombros encogidos, con esa camisa áspera maltratando tu fragilidad, atando tus movimientos. Una parte de mí quisiera liberarte… otra parte de mi ser ansía destruirte… pero qué es la muerte sino el encuentro entre la más plena libertad y la total destrucción…

Me acerqué a ti y me postré de rodillas. Me miraste. Creo que tus ojos brillaron un poco. El tiempo ha respetado hasta tus lágrimas de la última vez… porque siguen en el mismo lugar. Déjame besar tus labios, Ana… déjame ocupar el lugar del hombre que siempre amaste por esta única vez…        

Ya está… aunque no me reconozcas, Ana… soy el niño que acogías todas las noches entre tus pechos y que luego dejaste tirado en el asfalto para abrazar al traidor.

Soy Diego… tu hermano, y he llegado hasta aquí porque debo apagar el rencor que sembraste en mi corazón… y que he anidado durante todos estos años, para seguir con vida.

Silencio.

Aire.

Disparo.

X

En ese momento entró el capitán. Yo estaba de espaldas, con el cuerpo reclinado hacia el cadáver, tragando agua con sal, pero sabía que era él… Reconocía el sonido de sus botas.
                
Abrió la puerta de golpe. Giré hacia él. Encendía un cigarro y sonreía.

- Ahora me he vengado de ti -echó el humo-.

Volvió a mí la escena del general llevándose a Ana.

- El trato no fue por mí –se burló Santiago-… Ellos me querían en el ejército.

Santiago era el más fuerte de los dos.

- El trato fue por salvar tu asquerosa vida.

No.

- Ana se dejó violar para que no te maten a balazos aquella vez.

No.

- Gracias por liberar a Ana, hermanito… -se acercó, me pateó a un costado y levantó el cadáver con cuidado para sacarlo de ahí-. Al fin podrá descansar.

Se alejó.

Caminó con la muerte en brazos, tiró la puerta y se fue.


FIN

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El A, B, C, del “desmarque”


Cómo abordar a una chica y no morir en el intento…


“Deberías hablar sobre tus piropos de camionero para morirnos de risa…” –esto, es lo que me dijo una amiga el día de ayer, mientras me hallaba prostituyendo mi post anterior.

Estuvimos bromendo, recordando algunas de las “guarradas” que he disparado alguna vez y que -irónicamente- me han dado buenos resultados.

… Como aquella ocasión en que una chica me preguntó si me gustaba su vestido… y le dije que combinaba perfecto con la alfombra de mi cuarto.

Sé que muchos y muchas de ustedes se habrán caído patrás con su silla, y es que las mujeres por lo general nos ofendemos con esta clase de comentarios, pero desde hace ya algún tiempo, yo descubrí que el problema con las mujeres, no necesariamente es lo que les vayas a decir… sino cómo y en qué contexto se los vas a decir.

Quisiera comentar, antes que nada, que mucho antes de que algunas “colegas de mi club” comenzaran a llamarme “Terror”, yo fui una chica recontra tímida… o mejor dicho, LORNA. Y cuando digo “lorna”, me refiero a LORNA CON ROCHE. O sea, de ésas que ven a alguien que les gusta y empiezan con el “ho-ho-hola qqqq-qué ta-ta-ta-tal”. Divagaba mil horas sobre lo que debía y lo que no debía decir, y por supuesto, en el mejor de los casos, lo único que conseguía era un besito… pero en la mejilla… y para decirme “chau” (*Repique de batería*).

Sin embargo, entre chote y chote, observación y observación, y una revisada a libritos de psicología (#PorqueSiempreFuiNerd), aprendí un par de trucos interesantes. Aprendí, por ejemplo, que puedes decirle CASI cualquier cosa a una mujer -por osada que sea-, con tal de hacerlo con seguridad… y una gran sonrisa en los labios.


Ustedes me preguntarán: “¿Cuál es el objetivo de poner a prueba la paciencia de las mujeres?”. El punto está en que no se trata de buscar molestarlas, sino de provocar una situación de humor (obtener “puntos de carisma”), en bajar sus defensas y, por supuesto en generar atracción sexual (básico si no quieres quedarte en la friendzone forever and ever).

¿Capté tu atención? A que sí…

Antes que nada, hay que saber que, las mujeres -incluyéndome-, estamos hartas de escuchar los mismos floros de toda la vida; estamos hartas de los “jileos baratos”. Por si fuera poco, nuestro marcado egocentrismo y gran imaginación, nos lleva también a alucinar jileos donde no necesariamente los hay (el típico “está conectad@ en faceboook pero no me habla… ah! DE HECHO está esperando a que yo le hable primero” o “me puso “like”… FIJO le gusto”). Esto hace que, aunque suene atorrante, tengamos cierto complejo de divas y -salvo que seas Brad Pitt (o Jennifer Lawrence, en casos como el  mío)-, estemos predispuestas a chotearte a la primera.


Debido a esta atorrantada natural en nosotras, es necesario emplear creatividad a la hora de hacer el habla. La creatividad es el “desmarque”, y el sentido del humor es clave. ¿Por qué el sentido del humor? Porque proyecta simpatía, acerca a las personas mediante la risa, y transmite una imagen relajada… vale decir, una imagen opuesta a la del desesperado por obtener sexo.

Ahora, hay que tomar en cuenta qué tipo de bromas hacer. Si te vas a poner a contar los chistes malazos por los cuales te bullyeaban en el cole, obviamente le vas a parecer tremend@ pelotud@...

Más que de contar chistes, se trata de tener frases pícaras e ingeniosas de acuerdo a la situación, frases que de algún modo “la saquen de cuadro” y transmitan autoconfianza. También hay que tener claro en qué medida lanzar las bromas, porque, de otro modo, terminas siendo el payaso del grupo… y ahí, también perdiste (#LesDijeQueSerActivaEraTranca).

El siguiente paso es sexualizar la cuestión…

¿Por qué es necesario sexualizar la cuestión? Porque sino ella dirá que eres “lind@”, que te quiere “como a un(a) herman@”, e irá llorando a ti, si y sólo si, alguna rata peluda la hace llorar… Y no te emociones, que el drama te lo contará en un café, o en un parque, o en cualquier otro lugar que no sea su cama.


No quiero sonar grosera (#NoMeEscupan), pero era necesario señalar esto último, ya que obviamente (y aunque aún exista gente cucufata), la atracción es un tema que funciona cuando conectan la parte emocional y la parte sexual. NO pueden ir separadas, ya que lo primero sin lo segundo queda en simple amistad (sin derechos, valga la aclaración), y lo segundo sin lo primero llega, a lo más, a un encontrón de una noche.

Volviendo al punto, hay que disparar sexo al cerebro del objetivo.

Con esto, obviamente, no me estoy refiriendo a que vayas corriendo a hacerle un comentarios sobre sus dos grandes y hermosas… “pestañas”. NO. De hecho, si te muestras de frente como un cavernícola, eso te convertirá automáticamente en alguien “del montón”. “Pero Alexiel, tú arriba le dijiste a la flaca que su ropa combinaba con tu alfombra.” Sí, y seguro tú también podrás hacerlo, pero DESPUÉS.


Aguanta el coche, chochera, que las mujeres somos seres que manejamos todo en PROCESOS, de modo que no puedes esperar a que el carro arranque, si todavía no has calentado el motor.

Lo que debes hacer, es convertirte en un artista de las sensaciones. Conversar, sobre la textura de un plato de comida, sobre su aroma… sobre cómo se deshace o se derrite en la boca… blablablablá (#EchateAgua). O sobre la atmósfera cálida que se siente en tal sitio, sobre lo intensa que es tal canción… o incluso -siendo un poco más atrevidos-, sobre la ORGÁSMICA conversación que acaban de tener. El juego es decirle cosas sin decirlas. Te recuerdo que el principal órgano sexual de un ser humano, es el cerebro, de modo que si sabes estimular su cerebro, es casi seguro que las cosas “fluyan” (#IfYouKnowWhatIMean).

Por otra parte, es necesario lograr el desmarque de una manera constante. Con esto me refiero, a ser diferente -y superior- el resto. Es muy común, por ejemplo, caer en el error de elogiar antes que nada el físico de una mujer. Eso, mi estimad@ lector(a), es muy fácil y ordinario, y a las mujeres nos aburre. Nosotras somos seres egocéntricos, vanidosos a más no poder, y nos encanta sentirnos especiales. Claro que nos gusta que halaguen nuestro físico, pero estamos demasiado acostumbradas a eso… valoraremos tus halagos de ese tipo, pero después, cuando ya seas “alguien”.


¿Quieres sobresalir? Encuentra lo que hace especial a esa mujer. Pregúntate por qué estás abordándola a ella y no a la vecina; hazlo resaltar en la conversación, y genera una conexión emocional entre ustedes. Escúchala, pídele que te cuente su historia, y cuéntale tú una historia interesante con un punto en común que conecte con la suya. Así, ella sentirá que están “predestinados”.

Hay que tenerla clara… que a las mujeres nos encanta fantasear y crear cuentos de “medias naranjas” que no necesariamente son reales. El destino no es otra cosa que el invento de alguien con la suficiente inteligencia emocional como para encontrar los puntos comunes entre un lado y el otro.

Finalmente, sólo me queda añadir que la mujer es un ser auditivo (a diferencia del hombre, que es más visual), de ahí que “le encante el floro” y que puedas observar por la calle a chicas hermosas con tremendos pokemones al costado. Esto tiene sus pros y sus contras, pero si dominas muchos temas y sabes conversar, créeme que siempre será más un “pro”.


Siempre que logres conexión emocional y atracción sexual al mismo tiempo, el juego avanzará (al menos en un 90% de los casos)… Ya habiendo puesto pelota en cancha, podrás decirle cosas más osadas y seguir avanzando (siempre con una gran sonrisa y mirada pícara… #Recuerda). Pero los siguientes pasos… son harina de otro post. 

martes, 4 de noviembre de 2014

Rollos bipolares



Hola a todos, soy Alexiel… y dicen que a veces soy como “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” (#QueMiedo).

Vaya presentación… eh?

El tema, “para variar”, salió de una conversa.

- Alex, qué fue, desapareciste.
- Me fui a caminar.
- ¿…? ¡Pero si entraste bailando a la fiesta!
- Sí, pero de pronto se me antojó caminar y me fui.

La comadre me miró encogiendo los hombros y me dijo: “Así te quiero, loco, con tus euforias y tus disforias”; una de las frases más conmovedoras que me han dicho, por cierto…

Pero en lugar de ponernos sensibleros (#NoPorFavor), hablemos de la bipolaridad.

Sé que en estos tiempos está “de moda” ser bipolar. Hay memes que hacen chongos al respecto, tienes un amigo EMO que se las da de bipolar (#KillThePosero), y seguro habrás caído en el error de llamar así a tu “amiga” indecisa (#LaQueTeMeceDesdeHaceRato). Ninguno de los casos mencionados hace una descripción adecuada sobre lo que significa ser bipolar.


Hoy que salió un bonito sol -por mi jato en el culo del mundo- y amanecí con las revoluciones más altas de lo normal (“I’M THE KING OF THE WORLD!!!!!!!!!!!!!”… #OKNO), quisiera hablar sobre el significado ser bipolar… o mejor dicho, el bonito combinado con el que se me diagnosticó/etiquetó hace algunos años: “Borderline-Bipolar con rasgos histriónicos” (#TasPaLarcoHerreraComadre).

Para empezar, me parece que hay que señalar la diferencia entre un Borderline y un Bipolar, ya que tienen rasgos bastante comunes y mucha gente tiende a confundirlos.

 ¿Te suenan por casualidad Janis Joplin, Jim Morrison, Susanna Kaysen (#GirlInterrupted) o… Juana De Arco? Seguro que sí (y si no manyas a ninguno, mejor chapa tu mochila y de vuelta al cole, chochera). He aquí algunos bonitos ejemplares de “Borderline”... Y no, ahora no se te ocurra pensar que por ser “Borderline”, ya eres “chévere”… si bien hay que admitir que tiene sus cosas pajas.

El loco Morrison

Más allá de la canción de Madonna (otro “tip” de cultura pop), “Borderline”, suele ser traducido a nuestro idioma como “Trastorno Límite de Personalidad” (TLP). Consiste en que el sujeto experimenta emociones tan intensas ante los estímulos, que sus reacciones son desproporcionadas a los ojos de los demás. Esto trae consigo cambios anímicos repentinos y marcados, pero siempre en relación con algún factor externo.



("Pa tu consumo")


Recuerdo que el año pasado hubo una ocasión en que yo había despertado con una de mis clásicas crisis existenciales y no tenía ganas de nada (incluso estaba despotricando contra el mundo); de pronto, empezó a sonar una de mis canciones favoritas y un subidón de energía hizo que saliera a correr tres horas consecutivas (en sentido literal… 3 HORAS CONSECUTIVAS). Inmediatamente después, me bañé, me fui a una reu, vi a una chica que me gustaba, y un par de horas (#Agarres) después, la vida era hermosa (#PLOP).

El caso es que estos cambios repentinos suelen traer consigo reiteradas crisis de identidad (“¿POR QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ!?”) y relaciones caóticas (“te quiero… y luego te quiero matar”); de modo que el borderline tiende a sentirse solo y melancólico. A esto hay que sumar el que su alto nivel de emoción recae en impulsividad… y en manías; a algunos se les da por tomar, a otros por comer, a otros por comprar… Hay tendencia también a la hipersexualidad (Cof! Cof!… #Terror).


Pero no todo es tan dramático. La misma intensidad del borderline implica “subidones de energía” (como el del ejemplo de arriba)… de modo que un borderline alegre pude ser MUCHÍSIMO más activo y productivo que un humano común y silvestre (“MUAJAJAJA!... Mortales!”). Mi ejemplo más cercano es el de cuando voy a entrenar; soy capaz de hacerlo 4 horas consecutivas sin cansarme, debido al ambiente acogedor y –supongo- a una mayor reacción frente a las endorfinas -“hormonas de la felicidad”- que provoca el ejercicio.


(O sea que tengo la resistencia ilimitada de un androide… Es “sexy”, no lo nieguen… #AySí)


... Algo similar ocurre en mis “momentos creativos”… como cuando escribí una novela en tres días (#DobleAySí).

Pero entonces, a todo esto… ¿Cuál vendría a ser el bipolar?

Un bipolar, según lo que yo entiendo (después de mucha Wikipedia y conversaciones con loqueros), es parecido a un borderline sólo que con ciclos más marcados, prolongados y constantes.

Descripción gráfica:

(Como verán... sigo mejorando mis "dotes" en Paint.)


Si el borderline tiene cambios anímicos marcados durante un día o de un día para otro, el bipolar tiene períodos largos de euforia y de disforia. Puede andar renegado de la vida por varios meses, y los siguientes meses ponerse capa y salvar el mundo. Digamos entonces, que por más que suene extraño, un “Borderline-Bipolar” es más estable que un Borderline sólo o un Bipolar sólo, ya que de alguna manera, tener picos durante el día contrarresta un período de bajón, y un pico hacia abajo controla el delirio de grandeza. Al mismo tiempo, la existencia de “períodos”, evita que el sujeto vaya por la vida hecho un electrocardiograma emocional (Borderline).

Vale decir también que ambos “trastornos” son tratables y relativamente comunes. De hecho, el Borderline, tiende a disminuir significativamente con los años (y con mayor velocidad si se aplica la terapia adecuada). Otro dato interesante, es que este trastorno suele afectar en mayor medida a mujeres, debido a su naturaleza emocional (#QueRaroDuh).


(“Trastoros… quién es el loco… y quién no lo es… Van Gogh era bipolar y era un genio… Se cortó la oreja… pero era un genio… #PajaMental).


En todo caso, si no puedes curarles, te recomiendo que estés más cerca de ellos en sus momentos de “manía”… A muchos les da el “Complejo de Papá Noel” y puede que salgas beneficiado (#OkNo).


(Se acerca la navidad... ¡Hora de buscar a tus amigos bipolares!
*Me voy corriendo*)

Por último, y para cerrar el rollo… el histrionismo podría resumirse como esa “tendencia a vivir de modo teatral”. El histriónico enfatiza mucho en las emociones y las “dramatiza” al expresarse. Se dice también que se presenta de manera seductora, es vanidoso y sumamente egocéntrico (Cof! Cof!). De hecho, la palabra “histriónico” viene de Histrión, palabra que, en la tragedia grecolatina, se refería al actor que interpretaba disfrazado (#PaTuLibro).

...

Ahora ya puedes dejar de fastidiar a tus prospectos de “bipolares” y empezar a llamarlas “borderline”.

FIN :) 

jueves, 30 de octubre de 2014

El lado difícil de ser “activa”


En el post anterior me explayé bastante acerca de cómo funciona el tema de la atracción entre hombres y mujeres. De hecho, todo lo que expuse tiene base en una ardua investigación sobre el tema. Pero hoy quisiera tocar un punto que quedó abierto a partir de ese post: quiero hablar de cómo funciona el tema entre mujeres… sólo que desde una perspectiva muy personal.

Para comenzar, tengo que explicar mis propias definiciones acerca de “activa”, “pasiva” y “moderna”, ya que he escuchado distintos conceptos por aquí y no me gustaría que existan confusiones a la hora de leerme.

Para mí, una “activa” no es la que hace todo y una “pasiva” no es la que sólo se deja hacer. Tampoco creo que las activas no se deban dejar tocar ni que las pasivas sean las únicas con derecho a recibir. En el juego sexual, creo que lo interesante es dar y recibir, ya que, de otro modo, estaríamos limitando nuestras posibilidades de obtener placer. El hecho de limitar el juego, de por sí, es algo que suelo asociar con una adaptación equivocada del esquema heterosexual, donde se asume que el hombre da y la mujer recibe. Esa idea me parece una falacia total, porque -de acuerdo a la biología de cada uno- el hombre recibe placer en el momento en que penetra, y la mujer da placer en el momento en que es penetrada (y tampoco es que ella se quede quieta). A esto hay que añadir, además, que salvo en el caso de las mujeres “trans”, las lesbianas no buscamos ser hombres, de modo que considero absurdo caer en ese tipo de limitaciones.


¿Entonces a qué me refiero a hablar de “activas”, “pasivas” o “modernas”? Yo asocio más estos términos con lo cotidiano. Considero que en el plano sexual, las activas tendemos más a dar mientras que las pasivas tienden más a recibir, pero, desde mi perspectiva, las nominaciones tienen que ver más con cómo manejas tu relación en el día a día. Con el hecho de ser la que “hace el habla” o la que “coquetea”, la que se siente atraída por “femmes” o la que se fija en chicas más masculinas. La “moderna”, según yo, es la que se siente igual de cómoda saliendo con chicas más masculinas o más femeninas. De este modo, según mi definición, yo vendría a ser una activa, o, en todo caso, una “moderno-activa”, pues sólo en una ocasión me fijé en una moderna de características similares a las mías.

Pero bueno, entrando de lleno al tema del post (#ElTituloLoDiceTodo), he escuchado en más de una ocasión a mis comadres pasivas protestar de que las “active” tendemos a ser las “patanas de la relación”. Supongo que algo tendrá de verdad; quizás el defecto de muchas activas es que tienden a imitar los errores cometidos los hombres; pero en esa ocasión, quisiera presentar el otro lado del espejo.


Si bien es cierto que las lesbianas tendemos a quejamos de que la ignorancia heterosexual nos clasifique como “las que hacen de hombres” y “las que hacen de mujeres”, en la praxis, nosotras mismas caemos varias veces en la misma falla, sólo que de una manera más “solapada”.

Yo, por ejemplo, tiendo a sentirme más masculina que otras mujeres. Me gusta ser la que toma la iniciativa, la que plantea los planes (por supuesto, con cabida a que la otra persona los cambie totalmente), la que hace el habla, etc, etc. Creo que eso lo tengo muy arraigado desde chica, ya que desde entonces ya tenía complejo de “caballerito andante salvador de princesas”. Eso no significa que me sienta hombre o quiera serlo. Definitivamente, NO quiero serlo, y por más ególatra que suene, corroboro esa idea cada vez que me miro al espejo (#DemasiadoLesbiana).

El caso, es que cuando estoy con una chica, por más lesbiana que ésta sea, tiendo a sentirme presionada por los factores señalados en el post anterior; a pesar de que yo también sea mujer. El punto que más me afecta de todos esos, sin duda, es el de tener que reprimir en cierta forma mis emociones.


Anteriormente había dicho que la mujer, de por sí, es mucho más intensa que el hombre; por lo tanto, una relación que involucra dos mujeres, implica intensidad al cuadrado. Desde mi experiencia personal, observo que existe siempre la necesidad de que una de las dos partes suprima, o de alguna manera controle sus emociones a fin de que la relación funcione y una de las dos no termine muerta (#OLasDosYTodosLosMirones). No sé si por lógica, por sentido común, o simplemente porque “nos nace un poco más”, las activas solemos ser las que adoptamos ese papel.

Hace unos años tuve una relación larga con una chica que dice ser heterosexual (“dice”, porque, al haber mantenido una relación de 4 años conmigo, yo asumo que mínimo debe ser bisexual #SalDelCloset). Sin entrar en demasiados detalles, quiero decir que esa relación me obligó a asumir presiones que no me correspondían, como el hecho de ser una roca invulnerable todo el tiempo. No me sentía capaz de manifestar abiertamente las cosas que me afectaban o las preocupaciones que tenía, porque cada vez que me atrevía a hacerlo, el resultado era que mi novia terminaba conmigo (y lo curioso, es que cada vez que me levantaba y me mostraba como un ente sólido -ergo, no necesitado de ella-, regresaba más rápido que volando #Toooooootal).

Cuando por fin di cierre a esa historia, me dediqué a conocer más “chicas como yo”, que, según mi expectativa, tuviesen menos paltas con su sexualidad y, por lo tanto, no me presionaran a ser algo distinto a lo que soy.

"Welcome to the club!"
En cierta medida puedo decir que funcionó… pero enfatizo: sólo en cierta medida. Creo que las lesbianas, y me atrevo a decir que más las pasivas (con las excepciones del caso, claro está), siguen esperando -igual que las heterosexuales con los hombres-, a que las activas sean el ente sólido de la relación, la invulnerable, la “independiente”, la que “no las necesita”… Y entiéndase el “no te necesito” como “no estoy pendiente de ti, y por lo tanto, muchas ve no te doy bola”…. El eterno y enfermizo “yoyo”, o lo que dice otra compinche bloggera -a la que seguro habrán leído-… “la ley del no” (citando: “#QueTalKarmaLaCSM”).

Eso del “yoyo” me resulta un poco (bastante) estresante, ya que soy una persona que disfruta de las buenas conversaciones. Me gusta hablar de muchas cosas que me emocionan, expresar mi forma de pensar y comentarla con la otra persona, a quien también me gusta escuchar. Eso de hacerme la interesante, dejar de hablarle un rato, no contestar el teléfono o bloquearle el chat… va contra mi naturaleza (salvo en mis momentos antisociales en que le bloqueo el chat para todos). Además, tiendo a emocionarme cuando encuentro a alguien interesante con quién hablar (más, considerando que en el mundo escasea la gente interesante). Sin embargo, el juego dicta que tienes que dejarla colgada de rato en rato, porque si te ve muy “ahí”, se confía y se va con otra… sin importar qué tan divertida le hayas parecido minutos antes. Recuerden… “el macho alfa de la manada” no está pendiente de una sola mujer; no importa si el “macho alfa de la manada”, en este caso, tiene vagina y pelo largo.



Igualmente, está la presión a tener que asumir las tensiones de modo individual. Sé que venimos solos al mundo, que cuando muramos estaremos solos, y que la vida muchas veces nos demuestra que somos nuestra única compañía… pero creo que no es extraterrestre pensar que si tienes a alguien al lado, esa persona debería apoyarte en las buenas y las malas (como tu mejor amiga). Yo no siento que eso se cumpla todo el tiempo. Creo que una mujer tiende a querer escuchar (en el post anterior también hablábamos del “complejo de psicólogas”), pero lo hace de manera limitada; luego empieza a percibirte “necesitada” y se aburre de ti. Tal vez soy injusta y yo también lo hago sin darme cuenta… pero siento que, por lo general, el papel que me toca es el de solucionar mis problemas de la forma más silenciosa posible (sin aburrir), y ser siempre la “chica fuerte” y dispuesta a sostener a quien esté a mi lado. Ya sé… ya sé que de algún modo es lo que me gusta y lo que me nace. Me gusta proteger, pero hay momentos en los que también necesito que me comprendan. En la praxis he aprendido que en esos momentos, si es que no lo puedo resolver sola, es mejor recurrir a los amigos.

Por otra parte, está la presión constante de ser “chévere y popular”. Digamos que en general me considero una persona carismática (salvo cuando empiezo a despotricar contra el mundo), pero no creo que baste con ser “medianamente carismática”.  En“Ego… luego existo”, conté que hasta hace un tiempo, me llamaban “El Terror” (apodo, que, por supuesto, calza con la figura de casanova que suele atraer a las mujeres #PostAnterior). Normalmente la chapa me divierte y me recuerda “épocas locas”, pero a veces también he de admitir que me siento atrapada en el apodo. Hay situaciones en las que no me siento “Terror”, ni tengo ganas de sonreír para la cámara, pero el simple hecho de que me llamen “Terror” (todavía lo hacen de cuando en cuando), hace que sienta la presión de calzar en el personaje, aunque en ese momento me halle en una frecuencia distinta… Es un poco como vivir un reality.

"Sonríe a la cámara"

En una ocasión me sucedió que andaba conociendo a una chica, y mis amigos me llamaron tantas veces “Terror”, que la susodicha esperó a que yo me le fuera encima de inmediato, cuando -en ese preciso momento- tenía ganas de ir despacio. Se aburrió. No fui tan “chévere”. Tampoco tuve ocasión de explicarle, hasta que “fue”… porque ya saben, que si eres activa, eres la “misteriosa”, y si pareces “pendeja”, mejor.


El post acabó siendo todavía más personal de lo que esperaba. Pero a fin de cuentas, éste es un blog personal, y con semejante título, me tomo la libertad de “dejarme ser”. No sé si he perdido 5 mil puntos como “leca alfa”, pero creo que en este momento me importa un comino. No pretendo generalizar, ni satanizar a mis estimadas pasivas (#MeSiguenGustando); sólo quisiera recordarles, que en buena medida, somos igual que ustedes.

FIN 

#LecaDensa #LOL

La atracción es química pura


Sobre contradictorio el mito del "príncipe azul", y otras rocas arcaicas

Hace varios días, leí en el muro de facebook de una persona bastante conocida del medio:

“Encontré al príncipe azul, pero lo dejé, porque no era del tono de azul que yo quería”.

Seguramente, más de una se sentirá identificada con esta situación tan contradictoria, en la que, al parecer, has encontrado a la “persona ideal”, y sin embargo, no llena tus expectativas.

El tema de hoy, señores, va de la fantasía femenina, y pido por favor a mis congéneres que respiren hondo y se tomen el trabajo de leer todo este mamotreto y analizarlo antes de comenzar a escupir a la pantalla. Es posible que muchas de ustedes, sin notarlo, estén cayendo en patrones digamos… “poco convenientes” (en los que yo admito caer también de vez en cuando).

Vale decir, también, que las “rocas” que lanzo a continuación, no han salido solamente de mi súper quemado cerebro, sino que, siendo las mujeres mi público objetivo durante la mayor parte de mi vida, me he tomado la molestia de observarlas y analizarlas más de una vez. Porque no, lo de ser mujer -igual que ellas- no es suficiente… Por lo general, entre mujeres mismas, tampoco nos entendemos.


Para comenzar, debemos señalar que las mujeres y los hombres NO son iguales. Con ello, no me refiero a que no deberían tener los mismos derechos y responsabilidades, sino a que su manera de aprehender el  mundo, es distinta. La mujer es un ser emocional, que actúa muchas más veces guiada por su intuición y su pasión, que por su sentido racional. Esto último no tiene por qué ser algo negativo, sólo que nuestra sociedad -machista- nos ha enseñado que la razón es lo único valorable, y que debería primar sobre todas las cosas (esto último es paradójico, ya que muchas de las grandes transformaciones se han producido más movidas por la sensibilidad que por la razón).


Al tratarse de un ser emocional, la mujer -en mayor medida que el hombre- es bastante susceptible a la intensidad; se la pasa buscando aquellas emociones fuertes que la hagan sentir viva. De aquí la frase popular que dice que “a las mujeres les encanta el drama”. Esto no tendría por qué ser así, dado que, si nos ceñimos estrictamente a la frase, todas las emociones intensas tendrían que ser negativas, cuando somos conscientes de que existen también emociones intensas de carácter positivo.

¿De dónde viene el afán masoquista entonces? Somos parte de una generación que creció con las princesas de Disney y las telenovelas mexicanas, ¿son ellos los culpables? Sí y no… En verdad estas historias, acerca de la chica pobre y sufrida, que sortea veinte mil obstáculos para quedarse con el galán, no son más que una representación de algo que origen muchos siglos atrás, y que -en muchos casos vergonzosamente- tiene cierta vigencia hasta el día de hoy.

...Drama everywhere X_X...
¿Han notado -por ejemplo- que las mujeres suelen soñar con un tipo “lindo, bueno, detallista, blablablá”, y a la hora de la hora muchas de ellas están con ratas peludas que las tratan mal? Ambas figuras (la de soñar con el príncipe y la de estar con el macho mexicano) están ligadas de alguna forma.

Retrocedamos en el tiempo.


Siglos atrás, cuando vivíamos en las cavernas, el hombre era -por una cuestión anatómica- el encargado de ir a cazar, mientras la mujer se quedaba en la cueva cuidando a los hijos. El hombre tenía que pelear con los tigres dientes de sable, los mamuts, y sacarse la “#=@5% con los hombres de las otras bandas. Dado que la mujer, por su condición anatómica más frágil, y por el hecho de quedar todavía más frágil durante 9 meses (embarazo), necesitaba de alguien que la proteja; era necesario que ella sepa hacerse de un “macho alfa”, o sea, de un hombre con ciertas características que le hagan capaz de protegerla.

¿Cómo podía  distinguir ella al macho alfa?

Por sus condiciones físicas (fuerte y sano), su destreza para cazar y sus habilidades de liderazgo. Con esto último me refiero a que el macho alfa por lo general era el líder de la tribu; era el hombre que mandaba sobre los otros hombres. Ello también implicaba tener más mujeres, ya que los hombres, al no quedar embarazados, se sentían libres y responsables de repartir sus genes en cuanta mujer sana y resistente apareciese en su camino. ¿Para qué? Para preservar la especie. Esta mentalidad primitiva de alguna manera ha quedado arraigada hasta hoy; de ahí que por lo general las mujeres se sientan atraídas por los “hombres pendejos”, lo cual, por supuesto, resulta discordante con el stablishment monógamo de hoy.


En el caso de la mujer, la cosa funcionaba a la inversa. Aunque en aquella época aún no había sido instaurada la monogamia, la mujer se veía obligada a ser menos polígama que el hombre. Mientras que al hombre le bastaba con un par de factores que identifiquen a una mujer como “óptima” para preservar la especia (sana y resistente), la mujer tenía que ser todavía más exigente, dado que era ella quien iba a tener que cargar la panza de 9 meses. Debía asegurarse, entonces, de que ese hombre fuese superior a los otros hombres (para que valiera la pena tener un hijo con él) y de que estuviese dispuesto a protegerla. Este trabajo era bastante tedioso, ya que proteger a la mujer significaba quedarse con ella, y si el macho era alfa, de todos modos tendría más mujeres a su alrededor. Por este motivo, la mujer tenía que “enamorar” a su macho alfa, para poder conservarle a su lado. De aquí es que nace la primera “manipulación” (las estratagemas femeninas para “amarrar” a alguien), y también lo que yo llamo el “factor fulana” (“factor Candy”, para hablar más a la moda), que es cuando una mujer se escandaliza de que otra mujer salga con diferentes personas. Vale decir, consiste en la discriminación hacia una mujer “poco selectiva”, pues, en aquellos tiempos, el ser poco selectiva significaba traer seres al mundo que no fuesen capaces de sobrevivir (teoría de la evolución). A eso, sumémosle también el miedo del hombre a que le “estafen con un hijo ajeno”; de ahí que los hombres apoyen también este tipo de discriminación, y que tiendan a “casarse con  la tranquilita” (luego de divertirse aquí y allá).


Nos guste o no, hay cuestiones que se mantienen por nuestro ADN. La memoria no es algo que inicia cuando se termina de formar tu cerebro ni que se acaba cuando dejas de respirar. Es algo que, en cierta medida, se transmite de generación en generación y se va alterando de manera muy paulatina, dependiendo de que tan fuerte se graben los cambios sociales que vamos experimentando (de modo que el ADN que tú transmitas tampoco será exactamente igual al que le transmitió el primer homo sapiens a su primogénito).

Ustedes dirán: “Pero Alexiel, digas lo que digas, ya no vivimos en épocas de cavernas, mamuts y dientes de sable, ¿cómo es que las mujeres distinguen el día de hoy al “macho alfa de la manada”?” Pues, con los mismos factores, sólo que “actualizados”. Entre los más importantes se encuentran los siguientes:

Marlon Brando encarna en el cine
la imagen de "tipo duro".
Liderazgo: ¿Por qué nos llaman la atención las personas populares? Porque los asociamos con los

líderes de la manada, con el “macho alfa” que puede hacerse escuchar y seguir por los otros hombres y mujeres. Esto implica, que, por ejemplo, el tipo le caiga bien a tus amigos, que te haga reír, que sea el que arma los planes, etc, etc.

Dominio emocional: “Los hombres no lloran”. Ellos deben tener el total dominio de sus emociones. Por más que las mujeres muchas veces tengamos complejo de psicóloga, lo cierto es que tendemos a aburrirnos si esto se vuelve constante; el subconsciente femenino pronto empieza a asociar el “lloriqueo” del hombre con debilidad o dependencia… y ello lo descalifica como “macho alfa”. El problema está en que muchas veces esto se da de modo tan estricto, que el hombre tiene que reprimir sus propias emociones, o, por el contrario, la mujer puede pegarse con un insensible.

Aspecto físico: Si bien los estereotipos de belleza han ido transformándose poco a poco (ya no tenemos que cazar animales), todavía podríamos decir que prima la imagen de una persona sana y fuerte. A esto se suma también el tema de las capacidades físicas, como la destreza en los deportes o en el baile, que inconscientemente relacionamos con control corporal, ergo, buen desempeño sexual. Ahora, el punto negativo de esta cuestión, es que al estar dando todavía un alto valor a la fuerza física, no faltan los casos de maltrato, en los que la mujer parece no poder/querer safarse de un sujeto abusivo.


Mujeres a su alrededor: El “lamentable” (¿?) atractivo de los “pendejos”. Al observar a un hombre rodeado de mujeres, el subconsciente de la mujer suele entender que esas mujeres le han elegido; ergo, le han analizado y tienen motivos importantes para seguirle. El subconsciente de la mujer que observa le añade valor a ese hombre, y se pone como reto “quitárselo a las demás”.

Dinero: Por crudo y superficial que suene, el dinero importa. ¿Por qué? Porque en los tiempos de nuestros ancestros, la figura del hombre era asociada a la del “macho proveedor”, de modo que, en tiempos modernos, la caza ha sido reemplazada por el poder adquisitivo. Eso no significa que la mujer vaya a valorar más al hombre que la llene de regalos; por el contrario, ella valorará al que sepa “cómo y cuándo darle los regalos”, pues también entiende -inconscientemente- que el que la llena de regalos está tratando de suplir alguna carencia personal (“como no doy la talla, te lleno de obsequios”).


Los “tests de m****a”: Esta definición es aquella que empleo cuando una mujer se pone en plan caprichoso para ver si haces lo que ella quiere. En realidad, por más tonto que suene, estos “caprichos” no son “por gusto”. Dado que los hombres ya no tienen que pelear para demostrar su fuerza, las mujeres han pasado de evaluar tan estrictamente sus habilidades físicas para centrarse en su carácter. Un “macho alfa” sabe lo que es correcto y lo que no, y no se deja manipular por caprichos sin sentido, de modo que si él hace todo lo que ella quiere en esos “momentos de prueba”, inmediatamente pierde valor ante sus ojos. De aquí que, cuando le des gusto en todo -aunque te perjudique-, ella te deje más rápido.

Volviendo al punto del príncipe azul, esta figura, tiene que estar relacionada con la imagen del héroe que mata dragones, que salva al princesa y se queda con ella para cuidar de su descendencia. La contradicción se encuentra en que la cultura popular (las novelas rosa, por ejemplo) ha idealizado esta imagen, convirtiéndole en una figura ideal con la que la mujer (emocional) es capaz de fantasear, pero rechaza en el plano real (debido a todo el rollo que ya señalamos). Hay todo un enredo de contradicciones en el cerebro de la mujer, en el cual ella sueña con una cosa y no es capaz de comprender por qué no la encuentra o no la reconoce en la realidad.


A todo esto, claro está, hay que sumar las importantes transformaciones sociales (que también crean cambios en el ADN).

Esto ya "fue"... o eso quisiéramos.
Hoy en día, con la evolución de la medicina, el cambio de estilo de vida, los métodos anticonceptivos
y demás, preservar la especie ya no es una preocupación. Por otra parte, la fuerte búsqueda de la igualdad entre derechos de hombres y mujeres, ha creado cambios positivos, que han ayudado a socavar varios esquemas y estereotipos. Sin embargo, ello  no quita que cierta información genética aún permanezca, o que la misma revolución mental que estamos viviendo, tenga ciertos resultados negativos (como sucede con todas las revoluciones). Uno de estos resultados negativos, desde mi punto de vista, es el de la aparición de dos nuevos estereotipos: el de la “mujer con complejo de pendejo” y “hombre con complejo de nenita”. La primera, es una mujer que, posiblemente, haya observado  muchos abusos por parte del género masculino y decide romper con la cadena que han tenido que sufrir sus antecesoras… El problema, es que ella siente que para lograrlo, es necesario estar del otro extremo y adoptar el rol de “hombre pendejo”… sumándole, además, las técnicas de manipulación típicas de la mujer. El otro caso, vendría a ser el de un hombre que, también por evolución y por cultura, ha aprendido las técnicas de manipulación que normalmente corresponden al otro género, y las usa sobremanera en la cancha.

No por favor...
Supongo que, luego de leer todo este mamotreto (se agradece la paciencia), van a alegar que yo soy mujer, y que debería explicar cómo se da la cosa entre mujeres… La respuesta es que, al menos según mis observaciones, se da de manera muy similar, aunque suene tirado de los pelos.

Pero esta es harina de otro post… así que lo dejamos ahí. Por ahora sólo invito a analizar sus propios patrones de conducta, y los de la gente que les rodea, y preguntarse si acaso en más de una ocasión, su subconsciente no les ha hecho una mala jugada.
 
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