miércoles, 22 de octubre de 2014

Kinky, nasty



Buenas noches…!

Pensaba arrancar con un primer post (el anterior fue sólo intro) sobre algún tema “tranqui”… pero, como no puedo con mi genio, he decidido empezar hincando (para no perder la costumbre).

Seguramente, varios de ustedes se van a sentir identificados con el tema, ya que, de algún modo, está en el habla coloquial del día a día… en las discotecas, y hasta cuando vamos aplastados en la combi.

Y dice sí:

“Le gusta lo kinky, nasty, y aunque sea fancy, se pone cranky si le hablo romantic (8)”

¿Ya lo tienen?

Sí, vamos a hablar de las “candys”.

“Candy” es una palabrita se ha puesto bastante de moda últimamente. En “mis tiempos” (#ViejaEstoy), Candy era ese melodramón animado que veía con mi empleada y varios amiguitos hombres (aunque ahora lo nieguen). Luego, Candy pasó a ser -para mí-, una de las mejores canciones de Iggy Pop. Pero creo que hoy en día, es imposible no asociar la palabra con el reggaetón de Plan B (ni el mejor oído musical se libra), y a partir de ella, con cierto estereotipo mental de chica que aquí vamos a cuestionar.

Ésta era Candy... en "mis tiempos" XD.

El tema me quedó rondando en la cabeza a partir de una conversa grupal con algunas socias de “mi club” (#IfYouKnowWhatIMean), en la que unas se quejaban de que “todas son unas candys”. Por ahí salió este diálogo:

- Oye, Alex, ¿Tú crees que Fulana sea candy? 
- Pucha, no sé…
- ¿Pero tú crees…?
-  Creo que de estar “del otro lado”, fácil tú y yo también lo seríamos…

La verdad, es que a mí el concepto, al margen de lo graciosa que pueda sonar la palabra, me parece bastante arcaico y hasta peligroso. No puedo negar que he utilizado el término en más de una ocasión (no se hagan los locos, que ustedes también; de hecho, se pega), pero si me detengo a pensar detenidamente en lo que hay tras él, empiezo a sentir una fuerte dosis de vergüenza.

Según la “prodigiosa y filosófica” letra de la canción de Plan B, una “Candy” es una mujer, al parecer con buenos atributos (ya que todas la odian, por lo tanto, no tiene amigas), a la que “le gusta el sexo en exceso”.

Hasta ahí, ya tenemos dos puntos por discutir. El primero, es que, evidentemente, hay un tema de envidia; el segundo, es que -haciendo honor a la verdad-, no creo que alguna persona en su sano juicio tenga problemas con el sexo en exceso. De hecho, hay una sentencia bastante hipócrita de este lado, ya que a todos nos gusta el sexo, y -unos más, otros menos-, aprovechamos las situaciones que se presenten; de modo que la tendencia es a ponerse cucufato para juzgar a terceros, pero no a uno mismo (#QueBienQueAprovecha). Creo que no hace falta decir, además, que hay una fuerte carga sexista en este juicio, ya que, nuestra cultura retrógrada, nos dice que la mujer debe ser “de su casa”, pero el hombre no. Por el contrario, el hombre mientras más pendejo, más bacán; la “candy” es ella, él es “chévere”.

Con ustedes...! Los nietos de Aristóteles (Plan B).

Ahora, el tema se vuelve mucho más escabroso cuando las propias mujeres empezamos a usar el término contra otras mujeres… y me atrevería a decir, que la carga es aún más fuerte, cuando la palabra cae en boca de mujeres que salen con otras mujeres…

¿A qué me refiero? A que si bien el asunto es criticable por parte de mujeres heterosexuales, -tal vez- un factor atenuante sería la envidia (y es que no todas atracan eso de que “la que puede, puede, y la que no, que aplauda”). Pero en el caso de las mujeres homosexuales, el agravante está en que unas mujeres juzgan a otras mujeres… con las que ellas salen.

Es vergonzoso decirlo, pero en muchos casos, las mujeres homosexuales “activas” (o modernosas con complejo de dandy boy) terminamos heredando el machismo de nuestros antecesores y aplicándolo contra nuestras iguales. ¿Qué es lo que diferencia a una “candy” de una “pendeja” (ergo, “chévere”)? Básicamente, el que sea activa, o pasiva (o mejor dicho, el que se vea más masculina o más femenina… triste).

Poniéndonos francos, en estos tiempos, a lo mucho dos gatos muy rebuscados por ahí, podrán jactase de llegar “puros y castos” a su sacrosanto matrimonio (y la verdad es que no los envidio…). Una vez más, hablando con sinceridad, podemos afirmar que el mundo está sobrepoblado de “candys” de ambos sexos y de todas las orientaciones sexuales habidas y por haber. Pienso que juzgar a una persona (hombre, mujer, gay, lesbiana, bisexual, transexual, pansexual o lo que sea) por con quién se acuesta, es una cuestión arcaica y retrógrada. Personalmente, creo que más que juzgar a una persona por con quién o cuánt@s se acuesta o sale, habría que hacerlo por cuán transparente es cuando se presenta (y ya cada quién sabe con qué pañuelo baila y en qué tableros juega). Pero ésa es harina de otro costal… por ahora, les dejo hacer paja mental con el tema de las “candys”. Por mi lado, creo que el tema debería quedar en una “mera canción de chongo”.

Ésta "Candy" sí me gusta ^^.

1 Egocomentarios:

Kariel dijo...

terrible canción, solo escucharla 5" me da ganas de comprar un carro..

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