jueves, 30 de octubre de 2014

La atracción es química pura


Sobre contradictorio el mito del "príncipe azul", y otras rocas arcaicas

Hace varios días, leí en el muro de facebook de una persona bastante conocida del medio:

“Encontré al príncipe azul, pero lo dejé, porque no era del tono de azul que yo quería”.

Seguramente, más de una se sentirá identificada con esta situación tan contradictoria, en la que, al parecer, has encontrado a la “persona ideal”, y sin embargo, no llena tus expectativas.

El tema de hoy, señores, va de la fantasía femenina, y pido por favor a mis congéneres que respiren hondo y se tomen el trabajo de leer todo este mamotreto y analizarlo antes de comenzar a escupir a la pantalla. Es posible que muchas de ustedes, sin notarlo, estén cayendo en patrones digamos… “poco convenientes” (en los que yo admito caer también de vez en cuando).

Vale decir, también, que las “rocas” que lanzo a continuación, no han salido solamente de mi súper quemado cerebro, sino que, siendo las mujeres mi público objetivo durante la mayor parte de mi vida, me he tomado la molestia de observarlas y analizarlas más de una vez. Porque no, lo de ser mujer -igual que ellas- no es suficiente… Por lo general, entre mujeres mismas, tampoco nos entendemos.


Para comenzar, debemos señalar que las mujeres y los hombres NO son iguales. Con ello, no me refiero a que no deberían tener los mismos derechos y responsabilidades, sino a que su manera de aprehender el  mundo, es distinta. La mujer es un ser emocional, que actúa muchas más veces guiada por su intuición y su pasión, que por su sentido racional. Esto último no tiene por qué ser algo negativo, sólo que nuestra sociedad -machista- nos ha enseñado que la razón es lo único valorable, y que debería primar sobre todas las cosas (esto último es paradójico, ya que muchas de las grandes transformaciones se han producido más movidas por la sensibilidad que por la razón).


Al tratarse de un ser emocional, la mujer -en mayor medida que el hombre- es bastante susceptible a la intensidad; se la pasa buscando aquellas emociones fuertes que la hagan sentir viva. De aquí la frase popular que dice que “a las mujeres les encanta el drama”. Esto no tendría por qué ser así, dado que, si nos ceñimos estrictamente a la frase, todas las emociones intensas tendrían que ser negativas, cuando somos conscientes de que existen también emociones intensas de carácter positivo.

¿De dónde viene el afán masoquista entonces? Somos parte de una generación que creció con las princesas de Disney y las telenovelas mexicanas, ¿son ellos los culpables? Sí y no… En verdad estas historias, acerca de la chica pobre y sufrida, que sortea veinte mil obstáculos para quedarse con el galán, no son más que una representación de algo que origen muchos siglos atrás, y que -en muchos casos vergonzosamente- tiene cierta vigencia hasta el día de hoy.

...Drama everywhere X_X...
¿Han notado -por ejemplo- que las mujeres suelen soñar con un tipo “lindo, bueno, detallista, blablablá”, y a la hora de la hora muchas de ellas están con ratas peludas que las tratan mal? Ambas figuras (la de soñar con el príncipe y la de estar con el macho mexicano) están ligadas de alguna forma.

Retrocedamos en el tiempo.


Siglos atrás, cuando vivíamos en las cavernas, el hombre era -por una cuestión anatómica- el encargado de ir a cazar, mientras la mujer se quedaba en la cueva cuidando a los hijos. El hombre tenía que pelear con los tigres dientes de sable, los mamuts, y sacarse la “#=@5% con los hombres de las otras bandas. Dado que la mujer, por su condición anatómica más frágil, y por el hecho de quedar todavía más frágil durante 9 meses (embarazo), necesitaba de alguien que la proteja; era necesario que ella sepa hacerse de un “macho alfa”, o sea, de un hombre con ciertas características que le hagan capaz de protegerla.

¿Cómo podía  distinguir ella al macho alfa?

Por sus condiciones físicas (fuerte y sano), su destreza para cazar y sus habilidades de liderazgo. Con esto último me refiero a que el macho alfa por lo general era el líder de la tribu; era el hombre que mandaba sobre los otros hombres. Ello también implicaba tener más mujeres, ya que los hombres, al no quedar embarazados, se sentían libres y responsables de repartir sus genes en cuanta mujer sana y resistente apareciese en su camino. ¿Para qué? Para preservar la especie. Esta mentalidad primitiva de alguna manera ha quedado arraigada hasta hoy; de ahí que por lo general las mujeres se sientan atraídas por los “hombres pendejos”, lo cual, por supuesto, resulta discordante con el stablishment monógamo de hoy.


En el caso de la mujer, la cosa funcionaba a la inversa. Aunque en aquella época aún no había sido instaurada la monogamia, la mujer se veía obligada a ser menos polígama que el hombre. Mientras que al hombre le bastaba con un par de factores que identifiquen a una mujer como “óptima” para preservar la especia (sana y resistente), la mujer tenía que ser todavía más exigente, dado que era ella quien iba a tener que cargar la panza de 9 meses. Debía asegurarse, entonces, de que ese hombre fuese superior a los otros hombres (para que valiera la pena tener un hijo con él) y de que estuviese dispuesto a protegerla. Este trabajo era bastante tedioso, ya que proteger a la mujer significaba quedarse con ella, y si el macho era alfa, de todos modos tendría más mujeres a su alrededor. Por este motivo, la mujer tenía que “enamorar” a su macho alfa, para poder conservarle a su lado. De aquí es que nace la primera “manipulación” (las estratagemas femeninas para “amarrar” a alguien), y también lo que yo llamo el “factor fulana” (“factor Candy”, para hablar más a la moda), que es cuando una mujer se escandaliza de que otra mujer salga con diferentes personas. Vale decir, consiste en la discriminación hacia una mujer “poco selectiva”, pues, en aquellos tiempos, el ser poco selectiva significaba traer seres al mundo que no fuesen capaces de sobrevivir (teoría de la evolución). A eso, sumémosle también el miedo del hombre a que le “estafen con un hijo ajeno”; de ahí que los hombres apoyen también este tipo de discriminación, y que tiendan a “casarse con  la tranquilita” (luego de divertirse aquí y allá).


Nos guste o no, hay cuestiones que se mantienen por nuestro ADN. La memoria no es algo que inicia cuando se termina de formar tu cerebro ni que se acaba cuando dejas de respirar. Es algo que, en cierta medida, se transmite de generación en generación y se va alterando de manera muy paulatina, dependiendo de que tan fuerte se graben los cambios sociales que vamos experimentando (de modo que el ADN que tú transmitas tampoco será exactamente igual al que le transmitió el primer homo sapiens a su primogénito).

Ustedes dirán: “Pero Alexiel, digas lo que digas, ya no vivimos en épocas de cavernas, mamuts y dientes de sable, ¿cómo es que las mujeres distinguen el día de hoy al “macho alfa de la manada”?” Pues, con los mismos factores, sólo que “actualizados”. Entre los más importantes se encuentran los siguientes:

Marlon Brando encarna en el cine
la imagen de "tipo duro".
Liderazgo: ¿Por qué nos llaman la atención las personas populares? Porque los asociamos con los

líderes de la manada, con el “macho alfa” que puede hacerse escuchar y seguir por los otros hombres y mujeres. Esto implica, que, por ejemplo, el tipo le caiga bien a tus amigos, que te haga reír, que sea el que arma los planes, etc, etc.

Dominio emocional: “Los hombres no lloran”. Ellos deben tener el total dominio de sus emociones. Por más que las mujeres muchas veces tengamos complejo de psicóloga, lo cierto es que tendemos a aburrirnos si esto se vuelve constante; el subconsciente femenino pronto empieza a asociar el “lloriqueo” del hombre con debilidad o dependencia… y ello lo descalifica como “macho alfa”. El problema está en que muchas veces esto se da de modo tan estricto, que el hombre tiene que reprimir sus propias emociones, o, por el contrario, la mujer puede pegarse con un insensible.

Aspecto físico: Si bien los estereotipos de belleza han ido transformándose poco a poco (ya no tenemos que cazar animales), todavía podríamos decir que prima la imagen de una persona sana y fuerte. A esto se suma también el tema de las capacidades físicas, como la destreza en los deportes o en el baile, que inconscientemente relacionamos con control corporal, ergo, buen desempeño sexual. Ahora, el punto negativo de esta cuestión, es que al estar dando todavía un alto valor a la fuerza física, no faltan los casos de maltrato, en los que la mujer parece no poder/querer safarse de un sujeto abusivo.


Mujeres a su alrededor: El “lamentable” (¿?) atractivo de los “pendejos”. Al observar a un hombre rodeado de mujeres, el subconsciente de la mujer suele entender que esas mujeres le han elegido; ergo, le han analizado y tienen motivos importantes para seguirle. El subconsciente de la mujer que observa le añade valor a ese hombre, y se pone como reto “quitárselo a las demás”.

Dinero: Por crudo y superficial que suene, el dinero importa. ¿Por qué? Porque en los tiempos de nuestros ancestros, la figura del hombre era asociada a la del “macho proveedor”, de modo que, en tiempos modernos, la caza ha sido reemplazada por el poder adquisitivo. Eso no significa que la mujer vaya a valorar más al hombre que la llene de regalos; por el contrario, ella valorará al que sepa “cómo y cuándo darle los regalos”, pues también entiende -inconscientemente- que el que la llena de regalos está tratando de suplir alguna carencia personal (“como no doy la talla, te lleno de obsequios”).


Los “tests de m****a”: Esta definición es aquella que empleo cuando una mujer se pone en plan caprichoso para ver si haces lo que ella quiere. En realidad, por más tonto que suene, estos “caprichos” no son “por gusto”. Dado que los hombres ya no tienen que pelear para demostrar su fuerza, las mujeres han pasado de evaluar tan estrictamente sus habilidades físicas para centrarse en su carácter. Un “macho alfa” sabe lo que es correcto y lo que no, y no se deja manipular por caprichos sin sentido, de modo que si él hace todo lo que ella quiere en esos “momentos de prueba”, inmediatamente pierde valor ante sus ojos. De aquí que, cuando le des gusto en todo -aunque te perjudique-, ella te deje más rápido.

Volviendo al punto del príncipe azul, esta figura, tiene que estar relacionada con la imagen del héroe que mata dragones, que salva al princesa y se queda con ella para cuidar de su descendencia. La contradicción se encuentra en que la cultura popular (las novelas rosa, por ejemplo) ha idealizado esta imagen, convirtiéndole en una figura ideal con la que la mujer (emocional) es capaz de fantasear, pero rechaza en el plano real (debido a todo el rollo que ya señalamos). Hay todo un enredo de contradicciones en el cerebro de la mujer, en el cual ella sueña con una cosa y no es capaz de comprender por qué no la encuentra o no la reconoce en la realidad.


A todo esto, claro está, hay que sumar las importantes transformaciones sociales (que también crean cambios en el ADN).

Esto ya "fue"... o eso quisiéramos.
Hoy en día, con la evolución de la medicina, el cambio de estilo de vida, los métodos anticonceptivos
y demás, preservar la especie ya no es una preocupación. Por otra parte, la fuerte búsqueda de la igualdad entre derechos de hombres y mujeres, ha creado cambios positivos, que han ayudado a socavar varios esquemas y estereotipos. Sin embargo, ello  no quita que cierta información genética aún permanezca, o que la misma revolución mental que estamos viviendo, tenga ciertos resultados negativos (como sucede con todas las revoluciones). Uno de estos resultados negativos, desde mi punto de vista, es el de la aparición de dos nuevos estereotipos: el de la “mujer con complejo de pendejo” y “hombre con complejo de nenita”. La primera, es una mujer que, posiblemente, haya observado  muchos abusos por parte del género masculino y decide romper con la cadena que han tenido que sufrir sus antecesoras… El problema, es que ella siente que para lograrlo, es necesario estar del otro extremo y adoptar el rol de “hombre pendejo”… sumándole, además, las técnicas de manipulación típicas de la mujer. El otro caso, vendría a ser el de un hombre que, también por evolución y por cultura, ha aprendido las técnicas de manipulación que normalmente corresponden al otro género, y las usa sobremanera en la cancha.

No por favor...
Supongo que, luego de leer todo este mamotreto (se agradece la paciencia), van a alegar que yo soy mujer, y que debería explicar cómo se da la cosa entre mujeres… La respuesta es que, al menos según mis observaciones, se da de manera muy similar, aunque suene tirado de los pelos.

Pero esta es harina de otro post… así que lo dejamos ahí. Por ahora sólo invito a analizar sus propios patrones de conducta, y los de la gente que les rodea, y preguntarse si acaso en más de una ocasión, su subconsciente no les ha hecho una mala jugada.

3 Egocomentarios:

Crimsondeath dijo...

"¿Han notado -por ejemplo- que las mujeres suelen soñar con un tipo “lindo, bueno, detallista, blablablá”, y a la hora de la hora muchas de ellas están con ratas peludas que las tratan mal?"

Las personas que hacen aquello es porque aman el sufrimiento, y no es una sentencia descabellada de parte de alguien a quien recientemente han rechazado, es un tema complicado ya que tiene relación con la religión y la influencia que tuvo durante años en nuestra cultura (Los santos estigmatizados, Jesus en la cruz hasta hoy, etc)

El asunto es que las personas buscan la redención mediante el sufrimiento y eso no pasa solo en la elección de pareja sino en otros placeres como el sexo, por ejemplo.

Debido a eso el ser feliz, disfrutar de la vida al lado de una buena pareja viene a ser un placer culposo. Aunque no todo "tipo bueno" es realmente una buena pareja ya que como dices algunos se portan así para ocultar sus carencias personales.

Otra teoría es la de este video, de un minuto:
https://www.youtube.com/watch?v=Y0qC9BkQw1k

Saludos :D

PD: Pero la revolución femenina no se dió solamente por la sencibilidad de las personas D: , existieron también causas razonables, como los avances tecnológicos que dieron más prioridad al trabajo intelectual (con la llegada de las máquinas los trabajos que requerían fuerza masculina empezaron a volverse obsoletos), si la revolución femenina se hubiese dado en otras sociedades o épocas hubiese fracasado.

Anónimo dijo...

Hola soy Alisson, me pareció interesante tu publicación sobre los rasgos femeninos, el desarrollo del comportamiento de la mujer a sus inicios, esos arraigados prototipos de delicadeza y sumisión, que bueno lo tenemos pero a lo largo de nuestra evolución, le hemos añadido fortalezas para salir al frente y batallar por nuestra cuenta . Un abrazo.

Alexiel Vidam dijo...

Crimosomdeath: Interesante lo de la relación con la religión :), aunque no creo que se trate de "amor al sufrimiento"; yo diría que más bien es una "trampa el subconsciente". Gracias por el video :).

Allison: Qué bueno que te haya gustado el post. Gracias por comentar :).

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