miércoles, 5 de noviembre de 2014

El A, B, C, del “desmarque”


Cómo abordar a una chica y no morir en el intento…


“Deberías hablar sobre tus piropos de camionero para morirnos de risa…” –esto, es lo que me dijo una amiga el día de ayer, mientras me hallaba prostituyendo mi post anterior.

Estuvimos bromendo, recordando algunas de las “guarradas” que he disparado alguna vez y que -irónicamente- me han dado buenos resultados.

… Como aquella ocasión en que una chica me preguntó si me gustaba su vestido… y le dije que combinaba perfecto con la alfombra de mi cuarto.

Sé que muchos y muchas de ustedes se habrán caído patrás con su silla, y es que las mujeres por lo general nos ofendemos con esta clase de comentarios, pero desde hace ya algún tiempo, yo descubrí que el problema con las mujeres, no necesariamente es lo que les vayas a decir… sino cómo y en qué contexto se los vas a decir.

Quisiera comentar, antes que nada, que mucho antes de que algunas “colegas de mi club” comenzaran a llamarme “Terror”, yo fui una chica recontra tímida… o mejor dicho, LORNA. Y cuando digo “lorna”, me refiero a LORNA CON ROCHE. O sea, de ésas que ven a alguien que les gusta y empiezan con el “ho-ho-hola qqqq-qué ta-ta-ta-tal”. Divagaba mil horas sobre lo que debía y lo que no debía decir, y por supuesto, en el mejor de los casos, lo único que conseguía era un besito… pero en la mejilla… y para decirme “chau” (*Repique de batería*).

Sin embargo, entre chote y chote, observación y observación, y una revisada a libritos de psicología (#PorqueSiempreFuiNerd), aprendí un par de trucos interesantes. Aprendí, por ejemplo, que puedes decirle CASI cualquier cosa a una mujer -por osada que sea-, con tal de hacerlo con seguridad… y una gran sonrisa en los labios.


Ustedes me preguntarán: “¿Cuál es el objetivo de poner a prueba la paciencia de las mujeres?”. El punto está en que no se trata de buscar molestarlas, sino de provocar una situación de humor (obtener “puntos de carisma”), en bajar sus defensas y, por supuesto en generar atracción sexual (básico si no quieres quedarte en la friendzone forever and ever).

¿Capté tu atención? A que sí…

Antes que nada, hay que saber que, las mujeres -incluyéndome-, estamos hartas de escuchar los mismos floros de toda la vida; estamos hartas de los “jileos baratos”. Por si fuera poco, nuestro marcado egocentrismo y gran imaginación, nos lleva también a alucinar jileos donde no necesariamente los hay (el típico “está conectad@ en faceboook pero no me habla… ah! DE HECHO está esperando a que yo le hable primero” o “me puso “like”… FIJO le gusto”). Esto hace que, aunque suene atorrante, tengamos cierto complejo de divas y -salvo que seas Brad Pitt (o Jennifer Lawrence, en casos como el  mío)-, estemos predispuestas a chotearte a la primera.


Debido a esta atorrantada natural en nosotras, es necesario emplear creatividad a la hora de hacer el habla. La creatividad es el “desmarque”, y el sentido del humor es clave. ¿Por qué el sentido del humor? Porque proyecta simpatía, acerca a las personas mediante la risa, y transmite una imagen relajada… vale decir, una imagen opuesta a la del desesperado por obtener sexo.

Ahora, hay que tomar en cuenta qué tipo de bromas hacer. Si te vas a poner a contar los chistes malazos por los cuales te bullyeaban en el cole, obviamente le vas a parecer tremend@ pelotud@...

Más que de contar chistes, se trata de tener frases pícaras e ingeniosas de acuerdo a la situación, frases que de algún modo “la saquen de cuadro” y transmitan autoconfianza. También hay que tener claro en qué medida lanzar las bromas, porque, de otro modo, terminas siendo el payaso del grupo… y ahí, también perdiste (#LesDijeQueSerActivaEraTranca).

El siguiente paso es sexualizar la cuestión…

¿Por qué es necesario sexualizar la cuestión? Porque sino ella dirá que eres “lind@”, que te quiere “como a un(a) herman@”, e irá llorando a ti, si y sólo si, alguna rata peluda la hace llorar… Y no te emociones, que el drama te lo contará en un café, o en un parque, o en cualquier otro lugar que no sea su cama.


No quiero sonar grosera (#NoMeEscupan), pero era necesario señalar esto último, ya que obviamente (y aunque aún exista gente cucufata), la atracción es un tema que funciona cuando conectan la parte emocional y la parte sexual. NO pueden ir separadas, ya que lo primero sin lo segundo queda en simple amistad (sin derechos, valga la aclaración), y lo segundo sin lo primero llega, a lo más, a un encontrón de una noche.

Volviendo al punto, hay que disparar sexo al cerebro del objetivo.

Con esto, obviamente, no me estoy refiriendo a que vayas corriendo a hacerle un comentarios sobre sus dos grandes y hermosas… “pestañas”. NO. De hecho, si te muestras de frente como un cavernícola, eso te convertirá automáticamente en alguien “del montón”. “Pero Alexiel, tú arriba le dijiste a la flaca que su ropa combinaba con tu alfombra.” Sí, y seguro tú también podrás hacerlo, pero DESPUÉS.


Aguanta el coche, chochera, que las mujeres somos seres que manejamos todo en PROCESOS, de modo que no puedes esperar a que el carro arranque, si todavía no has calentado el motor.

Lo que debes hacer, es convertirte en un artista de las sensaciones. Conversar, sobre la textura de un plato de comida, sobre su aroma… sobre cómo se deshace o se derrite en la boca… blablablablá (#EchateAgua). O sobre la atmósfera cálida que se siente en tal sitio, sobre lo intensa que es tal canción… o incluso -siendo un poco más atrevidos-, sobre la ORGÁSMICA conversación que acaban de tener. El juego es decirle cosas sin decirlas. Te recuerdo que el principal órgano sexual de un ser humano, es el cerebro, de modo que si sabes estimular su cerebro, es casi seguro que las cosas “fluyan” (#IfYouKnowWhatIMean).

Por otra parte, es necesario lograr el desmarque de una manera constante. Con esto me refiero, a ser diferente -y superior- el resto. Es muy común, por ejemplo, caer en el error de elogiar antes que nada el físico de una mujer. Eso, mi estimad@ lector(a), es muy fácil y ordinario, y a las mujeres nos aburre. Nosotras somos seres egocéntricos, vanidosos a más no poder, y nos encanta sentirnos especiales. Claro que nos gusta que halaguen nuestro físico, pero estamos demasiado acostumbradas a eso… valoraremos tus halagos de ese tipo, pero después, cuando ya seas “alguien”.


¿Quieres sobresalir? Encuentra lo que hace especial a esa mujer. Pregúntate por qué estás abordándola a ella y no a la vecina; hazlo resaltar en la conversación, y genera una conexión emocional entre ustedes. Escúchala, pídele que te cuente su historia, y cuéntale tú una historia interesante con un punto en común que conecte con la suya. Así, ella sentirá que están “predestinados”.

Hay que tenerla clara… que a las mujeres nos encanta fantasear y crear cuentos de “medias naranjas” que no necesariamente son reales. El destino no es otra cosa que el invento de alguien con la suficiente inteligencia emocional como para encontrar los puntos comunes entre un lado y el otro.

Finalmente, sólo me queda añadir que la mujer es un ser auditivo (a diferencia del hombre, que es más visual), de ahí que “le encante el floro” y que puedas observar por la calle a chicas hermosas con tremendos pokemones al costado. Esto tiene sus pros y sus contras, pero si dominas muchos temas y sabes conversar, créeme que siempre será más un “pro”.


Siempre que logres conexión emocional y atracción sexual al mismo tiempo, el juego avanzará (al menos en un 90% de los casos)… Ya habiendo puesto pelota en cancha, podrás decirle cosas más osadas y seguir avanzando (siempre con una gran sonrisa y mirada pícara… #Recuerda). Pero los siguientes pasos… son harina de otro post. 

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